Ir al contenido principal

"Tasanchodang" - 7 - Tong Gyu Wang


Tasanchodang

7

Una cuesta escarpada,
cerezos desnudos y murísticas bien vestidas
se asocian festivamente;
matorrales de bambúes de azul oscuro y bosquecillos de camelias en botón
esparcidos aquí y allá.
Una rama reseca de fresno me golpea la cara.
Me ensordece,
luego oigo una voz baja:
«¿Por qué vienes hasta acá con la cantaleta de los árboles?».
Soy un deportado a la isla Cheju, pero me cautivó la montaña Wolchul-san
y me perdí camino a Wando.
Porque bosque, tan profundo y sereno…
«No, el tuyo es un viaje, no un exilio».
¿En qué son diferentes?
«En el viaje no hay violencia, existe solo una puerta de la vida».
¿Entonces…?
Se cortó la voz y miré hacia arriba;
una casita con techo de tejas me saludó sonriente entre los rayos del atardecer.

(p. 109)

Tong Gyu Wang. (1998). Posada de nubes y otros poemas. Lima, Perú: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Fragmentos del discurso final de Pleberio, en La Celestina (1499)

Pues, mundo halaguero, ¿qué remedio das a mi fatigosa vejez? ¿Cómo me mandas quedar en ti conociendo tus falsías, tus lazos, tus cadenas y redes, con que pescas nuestras flacas voluntades? (178). Del mundo me quejo porque en sí me crió; porque no me dando vida, no engendrara en él a Melibea; no nacida, no amara; no amando, cesara mi queja y desconsolada postrimería. ¡Oh mi compañera buena y mi hija despedazada! ¿Por qué no quisiste que estorbase tu muerte? ¿Por qué no hubiste lástima de tu querida y amada madre? ¿Por qué te mostraste tan cruel con tu viejo padre? ¿Por qué me dejaste penado? ¿Por qué me dejaste triste y solo in hac lachrymarum valle ? (179). Roja, Fernando de. (1982) La Celestina . Navarra: Salvat Editores, S. A. - Alianza Editorial, S. A. 

"La sentencia" - Wu Ch'eng-en

LA SENTENCIA Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo. Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido. Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes, que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron: —¡Cayó del cielo! Wei Ch...

"El ángel caído" - Cristina Peri Rossi

El ángel caído El ángel se precipitó a tierra, exactamente igual que el satélite ruso que espiaba los movimientos en el mar de X flota norteamericana y perdió altura cuando debía ser impulsado a una órbita firme de 950 kilómetros. Exactamente igual, por lo demás, que el satélite norteamericano que espiaba los movimientos de la flota rusa, en el mar del Norte y luego de una falsa maniobra cayó a tierra. Pero mientras la caída de ambos ocasionó incontables catástrofes: la desertización de parte del Canadá, la extinción de varias clases de peces, la rotura de los dientes de los habitantes de la región y la contaminación de los suelos vecinos, la caída del ángel no causó ningún trastorno ecológico. Por ser ingrávido (misterio teológico acerca del cual las dudas son heréticas) no destruyó, a su paso, ni los árboles del camino, ni los hilos del alumbrado, ni provocó interferencias en los programas de televisión ni en la cadena de radio; no abrió un cráter en la faz de la tierra ni env...